LA DIVINA VOLUNTAD LUISA PICCARRETA PDF

Michele De Benedictis y ubicada inicialmente en la Iglesia del ex convento de los Capuchinos. Luisa se hace terciaria dominica con el nombre de Sr. Magdalena en la cripta santuario de la Iglesia de S. En ausencia del P.

Author:Vimuro Ditaxe
Country:Luxembourg
Language:English (Spanish)
Genre:Sex
Published (Last):25 February 2015
Pages:351
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Porque el amor es hermoso. Para vivir de verdad, para vivir en la realidad, es necesario estar despiertos, como dice el anuncio. Es necesario aceptar que vivimos en un mundo con personas reales que pueden enriquecernos o defraudarnos, porque no las creamos nosotros.

Es decir, para despertar a la vida, es necesario despertar al amor. Solo se despierta quien ama. La vida es breve El enamorado queda tan sorprendido de la luz que ha inundado su vida que no hace otra cosa que contemplarla.

El amor nos fascina porque contiene una promesa de belleza, algo tan grande que deseamos poseerlo inmediatamente, en un instante. Pero esto no es posible. El amor nos invita a caminar a lo largo de su sendero, un sendero nuevo que podemos construir solo paso a paso.

Lo mismo pasa con el amor. El amor contiene una promesa de felicidad: para vivirlo es preciso aceptar con confianza la promesa que nos hace. El amor es algo que no nos pertenece, que no depende de nosotros. No importa que hayamos tenido malas experiencias. Todo amor tiene siempre una meta. Si no la tiene, entonces gira en redondo y se pierde en instantes fugaces, incapaz de seguir un sendero que conduzca hacia el horizonte lejano.

Cuando no tiene meta, el amor deja de ser amor. Es experimentar su fuerza y saber que, con este amor, se puede llegar al final. Nuestra voz se une con otras voces.

Pues bien, cantar en coro se parece a un tipo de amor, la amistad. Se parece esto al amor esponsal, entre hombre y mujer.

Por eso este amor es exclusivo de la pareja: abrirlo a un tercero es infidelidad. Cuando se encuentra el amor, nos parece que ya hemos alcanzado la felicidad plena. Pero nos sentimos mal cuando esto ocurre. El cuerpo no es solo una cosa que tengamos, sino algo que somos: las sensaciones que experimentamos, los deseos que nos mueven. De esta forma el cuerpo me habla. Es como si tuviese un lenguaje. El lenguaje del cuerpo me dice, en primer lugar: no eres un ser aislado.

Por el cuerpo nuestra vida se manifiesta a otros, los acontecimientos nos afectan por dentro, participamos en el mundo que nos rodea. Es verdad que a veces no nos gusta nuestro cuerpo. Y en el encuentro del hombre y la mujer, el cuerpo nos permite amarnos en totalidad, hasta hacernos una sola carne.

El cuerpo, donde vivimos nuestra intimidad, nos abre a la intimidad con otras personas, permite compartir el mundo. Por eso el cuerpo nos invita a descubrir al otro y a acogerle en nosotros. Nos dice que venimos del amor y que vamos hacia el amor; nos dice que nuestra vida da fruto en el amor. Entonces en el cuerpo Dios pone su sello, Dios se hace visible y se transparenta en el mundo.

Ciertamente, el hombre y la mujer son diferentes. El hombre y la mujer no provienen del azar, sino del amor de sus padres, mediante el cual se manifiesta la fuerza creadora del amor de Dios. Esto no quiere decir que hombre y mujer sean como las piezas de un puzzle. No son dimensiones separadas, sino que todas se unen en mi cuerpo, que es la fuente de donde brotan nuestras vivencias.

La importancia de la sexualidad nos es bien conocida por la fuerza con la que se manifiesta. No sucede lo mismo cuando anda por medio la sexualidad. En ella encuentro una llamada profunda al amor, y en el amor se juega el sentido de mi vida. Al hombre le atrae el cuerpo femenino, y a la mujer el masculino. Despiertan en ellos impulsos y deseos. Es el mundo de los afectos y sentimientos que me ligan al otro. Algo parecido nos ocurre a nosotros. Solo si somos hijos, si recibimos el don de Dios, descubrimos que el amor nos convoca a una entrega.

Entonces entendemos el amor esponsal: Dios me ha dado a esta persona para que la ame; Dios ha confiado mi vida a esta persona que me ama y recibe. Y si nuestro amor bebe del manantial, que es el origen del amor, entonces los dos juntos rebosaremos vida, con amor paterno y materno, dando un fruto insospechado. Ser hijos, esposos, padres: es la mayor respuesta a la llamada del amor. El pudor es un sentimiento con doble significado.

Tiene un lado negativo: con ella queremos esconder algo, evitar que salga a la luz. Es que se trata de una experiencia fundamental que revela el significado principal de nuestra vida y nuestras acciones. Por eso nos enfada que un amigo revele nuestros secretos sin nuestro permiso.

Pero el efecto real ha sido banalizar la intimidad humana. La sexualidad, las inclinaciones que conlleva, son cosas naturales. Pero no se pueden vivir de cualquier manera.

Hace falta interpretar su lenguaje, descubrir su significado. No pueden ser fuerzas que tiren de nosotros en distintas direcciones, dividiendo nuestra vida. Por debajo de ellos no se da el amor verdadero. Y para hacerlo, nos recuerda que es necesario poseer una virtud: la castidad. La castidad significa integrar todos los significados de la sexualidad para que puedan ser vividos plenamente.

La castidad significa amar de verdad. Es como si mintiese con mi cuerpo. La malicia de este acto se comprende mejor cuando descubrimos la luz contenida en la pureza. Esta consiste en unos ojos limpios, que permiten descubrir una luz especial, la luz del amor. Mi sexualidad se comprende entonces como una fuerza para entregarme a la otra persona y descubrirla en su dignidad. El cuerpo de la otra persona se respeta en su belleza, a la luz del amor. Y pueden querer con toda el alma una sola cosa.

Si queremos comunicar algo no podemos usar las palabras en el orden que nos parezca. Pues bien, del mismo modo ocurre con el amor y su lenguaje. Ahora bien, son estos precisamente los significados de que carece un acto homosexual. Al decir que los actos homosexuales son malos tampoco estamos discriminando a nadie. Lo que se pide a la persona que experimenta inclinaciones homosexuales es lo que se pide a todos: vivir la castidad en el propio estado.

Hay enamoramientos que parecen suceder de golpe, sin que nos demos cuenta. Por eso se habla de amor a primera vista. Podemos sentir gusto en la presencia de otra persona y en el trato con ella. Pero esto no es directamente signo de un amor verdadero. Por eso se puede sentir hacia varias personas. Por eso se experimenta una progresiva exclusividad en ese amor.

Cuando creemos que estamos enamorados no podemos concentrarnos solo en la intensidad de nuestro sentimiento. Estos pueden cambiar con rapidez e incluso apagarse. No es un mero instante que fascina, sino una llamada, cuya respuesta requiere la madurez interior y la fidelidad en el tiempo.

Recuerdan a todas las parejas pasadas que su amor viene de Dios y que tiene que caminar siempre hacia Dios. Vivir virginalmente no es una renuncia del cuerpo. Parece imposible que dos personas que no son eternas prometan un amor eterno. Para amar para siempre debemos entonces reconocer lo que hay de eterno en la otra persona: su nombre, su historia, su destino.

El que no puede prometer, ese vive solo en el presente estrecho, no tiene espacio para moverse, el futuro no es suyo Solo tiene un camino quien no cambia de horizonte.

La promesa de eternidad que vive en el amor, requiere ser mantenida paso a paso. Todo depende de la verdad del amor que expresen.

Mi sexualidad expresa algo te amo para siempre que no quiero de verdad decir a la otra persona. Para amar, hay que abandonar el individualismo. Si esto no ocurre, entonces el matrimonio es solo una convivencia satisfactoria, en que importan sobre todo los deseos subjetivos de quienes conviven: mis gustos, mis ideas de la vida, mis proyectos.

Lo que les une es la grandeza de una promesa que han visto en la otra persona y les supera a los dos: perciben en su amor una promesa de Dios hacia ellos. Cuando nos equivocamos, cosa que sucede a menudo en la vida, es necesario corregirse: en el trabajo, en el familia, en la sociedad. Sin embargo, con el amor, las cosas son distintas. La entrega conyugal es incondicional.

Esta entrega no puede cuestionarse, sino que encuentra en las pruebas la posibilidad de manifestar su verdad.

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Luisa Piccarreta

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Luisa Piccarreta, La pequeña hija de la Divina Voluntad Indice Volumen 1 al 12

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