EL JUEGO MAS PELIGROSO RICHARD CONNELL PDF

Los marineros tienen un curioso temor del lugar. Espero que las armas de jaguar han venido de Purdey de. No tienen entendimiento. Sea realista. El mundo se compone de dos clases - los cazadores y los huntees. Por suerte, usted y yo somos los cazadores.

Author:Akigore Voodoogul
Country:Turkmenistan
Language:English (Spanish)
Genre:Personal Growth
Published (Last):26 November 2016
Pages:77
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ISBN:248-9-83826-806-4
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Ms all, hacia la izquierda en algn lugar hay una gran isla, dijo Whitney. Es un misterio De qu isla hablas? Los viejos mapas la llaman Isla Atrapa-Barcos, replic Whitney. Un nombre incitante, no crees? Los marineros le tienen un miedo peculiar a ese lugar.

No s por qu. Alguna supersticin No la veo, declar Rainsford al tiempo que intentaba percibir algo a travs de la densa, tangible noche tropical que impona su espesa y clida negrura sobre el yate.

S que tienes buena vista, dijo Whitney rindose y que puedes ver a cuatrocientas yardas un alce movindose en medio de arbustos de su mismo color, pero ni siquiera t puedes ver lo que hay a ms o menos cuatro millas de aqu en una noche caribea sin luna.

Ni a cuatro yardas, admiti Rainsford. Es como terciopelo negro empapado. Habr luz de sobras en Ro, prometi Whitney. Estaremos all dentro de unos pocos das. Espero que ya hayan llegado las escopetas para cazar jaguares que compr en Purdeys1. Seguro que habr buena caza en el Amazonas, ro arriba. Qu gran deporte, la caza..

El mejor del mundo, convino Rainsford. Para el cazador, corrigi Whitney. No para el jaguar. No digas disparates, dijo Rainsford. Eres cazador de caza mayor, no filsofo. A quin le importa cmo se siente un jaguar?. Tal vez al jaguar, observ Whitney. Si no tienen entendimiento. An as, creo que s entienden una cosa el miedo. El miedo al dolor y el miedo a la muerte.

Tonteras, se ri Rainsford. El calor te est reblandeciendo, Whitney. Se realista. En el mundo hay dos grupos los cazadores y los cazados. Por suerte, t y yo somos cazadores. Crees que hemos pasado esa isla?. No lo puedo saber con esta oscuridad. Espero que s. Por qu?

Es un lugar con cierta fama -con mala fama. Ms bien no. Ni siquiera los canbales viviran en un lugar tan dejado de la mano de Dios. No s bien cmo pero la isla entr hace tiempo en el saber popular marinero. No te has dado cuenta de que los nervios de la tripulacin estn algo tensos hoy?. Estaban un poco raros, ahora que lo mencionas. Incluso el Capitn Nielsen S, incluso el viejo, spero sueco, que en otras circunstancias no dudara en pedirle fuego al mismo Diablo. Esos ojos azules de pez tenan hoy una mirada que jams haba visto.

Lo nico que pude sacarle es que Este lugar tiene un mal nombre entre los que navegan, seor. Y entonces me pregunt, muy serio, No siente usted nada? Y no te ras, pero sent algo as como un repentino escalofro. No haba brisa. El mar estaba plano como el cristal de una ventana. Nos acercbamos entonces a la isla. Lo que sent fue un Pura imaginacin, dijo Rainsford. Un solo marinero supersticioso puede contagiar su miedo a toda la tripulacin.

Tal vez. Pero a veces pienso que los marineros tienen un sentido extra que les avisa de cundo estn en peligro. A veces pienso que el mal es una cosa palpable, con ondas de longitud, lo mismo que el sonido y la luz. Un lugar maligno, por llamarlo as, puede emitir vibraciones malignas. Sea como sea, me alegro de haber salido de esa zona. Bueno, creo que me retiro, Rainsford. Yo no tengo sueo. Me voy a fumar otra pipa en la cubierta de popa.

Buenas noches, Rainsford. Nos vemos para desayunar. Buenas noches, Whitney. El nico ruido que Rainsford poda or sentado en cubierta era el latido callado del motor que impulsaba el veloz yate en la oscuridad, adems del silbido y el murmullo de la estela que dejaba la hlice. Rainsford, reclinado en una tumbona, fumaba tranquilamente su pipa favorita y se dejaba llevar por la modorra sensual de la noche.

Est tan oscuro, pens, que podra dormir sin cerrar los ojos; la noche me servira de prpados Un ruido abrupto lo sobresalt. Vena de la derecha, y sus expertos odos no solan errar. De nuevo oy el ruido, y una vez ms. En algn lugar de la oscuridad alguien haba disparado un arma tres veces.

Rainsford se puso en pie de un salto y se lanz sobre la barandilla, intrigado. Clav la vista en direccin hacia el lugar de donde haba surgido el ruido de los disparos pero era como intentar ver a travs de una manta. Salt entonces sobre la barandilla y se irgui para poder ver desde mayor altura.

La pipa que an fumaba fue a dar contra una cuerda tensa y cay de su boca. Al intentar agarrarla al vuelo Rainsford calcul mal la distancia y perdi el equilibrio, dando un grito breve y ronco que apenas se oy, enmudecido por las aguas del Caribe que se abalanzaban tibias como la sangre sobre su cabeza. Rainsford coce hacia la superficie e intent gritar, pero la estela del yate -cada vez ms veloz- le abofete la cara y al entrar el agua salada en su boca abierta le dieron arcadas.

Desesperado, intent seguir las luces cada vez ms distantes del barco nadando con grandes brazadas pero desisti antes de haber nadado quince metros.

Una cierta calma le sobrevino al pensar que no era la primera vez que se vea en tan apuradas circunstancias. Caba la posibilidad de que alguien oyera sus gritos en el yate, pero esa posibilidad se esfumaba a medida que la embarcacin segua su curso. Desprendindose de su ropa, Rainsford grit con todas sus fuerzas. Las luces del yate se desvanecan como liblulas que se apagan hasta que la noche se las trag por completo. Rainsford record los disparos. Venan de la derecha y, as pues, nad con tesn en esa direccin, dando brazadas lentas y premeditadas para conservar sus fuerzas.

Luch con el mar durante un tiempo que pareca eterno. Empez a contar sus brazadas; podra dar posiblemente unas cien ms y entonces Rainsford oy un ruido. Provena de la oscuridad, era un grito agudo, el sonido de un animal presa de un terror y una angustia extremos. No reconoci al animal que emiti el ruido ni lo intent; con renovada vitalidad nad hacia l. Lo oy de nuevo antes de que lo cortara de cuajo otro ruido entrecortado, seco.

Disparo de pistola, murmur Rainsford nadando an. Tras diez minutos de esfuerzo continuado otro sonido le lleg a los odos el ms grato que haba odo jams el murmullo y quejido del mar al romper sobre una orilla rocosa. Ya casi haba alcanzado las rocas cuando las vio por fin: en una noche menos encalmada se habra estrellado contra ellas. Con sus restantes fuerzas se arrastr lejos de las turbulentas aguas. En la espesa oscuridad se perfilaron los aserrados peascos; arrastrndose sobre sus codos, se incorpor a duras penas.

Jadeando, con las manos despellejadas, alcanz un lugar llano en la cima. Una espesa selva llegaba hasta el borde mismo de los acantilados. A Rainsford, sin embargo, no le preocupaba lo ms mnimo qu peligros la maraa de rboles y de sotobosque pudiera entraar para l.

Tan slo saba que estaba a salvo de su enemigo, el mar, y que lo dominaba un demoledor cansancio. Se arroj sobre el borde de la selva y rodando se dej caer en el sueo ms profundo de su vida.

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